PARA EL SR. POSTMASTER DEL APRISIONADO SR. SANDALIO PÉREZ: LA GRIPE A

Julio 18th, 2009

Estimado Sr. Postmaster: Tengo la gripe A. Ya sabe usted que yo no tengo de nada, pero no sé como estoy tan repleto de ese virus que está tan de moda. Tengo para dar y regalar. Quien diría que a mi edad yo iba a ser un rico potentado  de reservorio vírico. ¿Qué cómo me he podido contagiar? ¡Eso me pregunto yo! No he viajado, salvo en sueños, y mis compañeros de celda ni soñarlo, esos son de encefalograma plano. No sé si voy a morirme, pero estoy muy malito Sr. postmaster.
Empecé con unos estornudos de nada, los compañeros decían que era por dormir con el culo al aire. Esto en plan guasa para tirarme de la lengua. ¡Sí, cualquiera duerme aquí con el trasero al raso! ¿Como no hay salidos? Después comenzaron los moqueos. Parecía que lloraba por la nariz. Como no dispongo de pañuelos, me limpio con el papel de estraza que me pone la nariz como un pimiento del piquillo. No sé si será atrevimiento, pero si pudiera mandarme un paquetito de esos pañuelos que le llaman clínex se lo agradecería enormemente. Hasta me pueden servir para hacerme unas mascarillas, aunque no sé si será buena idea porque mi carcelero es algo paranoico y tiene malas reacciones.
Un día se me ocurrió gastarle una broma con unos dientes de ajo que me los puse a modo de drácula, y al pasar junto a la celda a la hora del recuento nocturno, le hice un embiste… y como acto reflejo, dio un repullo hacia atrás gritando ¡va de retro satanás!  Me sacó un crucifijo de oro macizo que llevaba colgado al cuello enganchado en una cadena que parecía la maroma de un ferry. Después intentó clavarme la porra a modo de estaca. Decía que así morían los vampiros. Pero si usted supiera por dónde me la quería clavar… mejor no se lo digo.
Estuve en la clínica y la doctora me ha dicho que es puta con precaución (quiero decir esputa, todo junto) por eso le pido los clínex. La cosa parece seria porque según prescripción facultativa tengo todos los síntomas característicos. Me sacó sangre y la mandó a analizar. Espero los resultados desde hace días.

Ahora temo  a la noche. Con la llegada de las sombras me surgen malos pensamientos. De pronto, como si fuera una película, pasa por mi mente retazos de mi vida y siento que este recapitular no me trae nada bueno. Sr. postmaster tenga usted cuidado, que la fiebre A, dicen que es una pandemia y anda suelta por todas partes; y usted que anda por tantos sitios, no vaya a ser que la coja.

Resulta que no he hecho testamento. Ni siquiera me lo he planteado; como nunca he tenido grandes patrimonios, no sé que voy a legar. Pensaré en ello y en una próxima carta se lo confiaré. ¿A quién mejor que a usted?

Asépticamente se despide, Sr. Sandalio Pérez aprisionado de la red.

P.D.: notará que el tipo de letra ha cambiado. El caso es que le escribo con la máquina del enfermero, que me la ha prestado de mala manera si no fuera por las amenazas de contagio que le he propuesto.

PARA EL SR. POSTMASTER DEL APRISIONADO SR. SANDALIO PÉREZ: ¿CRISIS, QUÉ CRISIS?

Julio 7th, 2008

Estimado Sr. Postmaster. Soy el de siempre, el Sr. Sandalio. Le escribo porque estoy indignado, tanto que mordería hasta a mi carcelero. ¡Esta situación ya clama al cielo! Me refiero a la situación económica que estamos padeciendo y los responsables se hacen los irresponsables. He recibido una carta, que por cierto creo que le faltan hojas, de mi primo. Me cuenta la situación de penuria que está pasando. ¡Con lo bien que le iba! Le cuento: Mi primo es gordo, de esos gordos alegres sin complejos. Todo su cuerpo rebosa optimismo y con su bendita redondez a todos cae bien. Es amigo de chistes y bromas, y tiene buena  voz de tenor para cantar lo que se tercie. A la hora de comer no hace asco a nada y tiene un apetito que contagia al que está a su lado. Es bajo, pero levanta la cabeza cuando camina. Su trabajo es de estar por la calle. Conoce a todo el mundo y todo el mundo le conoce a él. Es vendedor de productos díetéticos. Sí, no se extrañe, vende y vende mucho a pesar de estar gordo. A pesar de su gordura es el empleado que más vende de su empresa. Es su carácter tan festivo que convence a cualquiera después de tomarte unas cañas con él. Entre copa y copa te vende trescientos euros en productos y tan contento; y no exagero. Ahora está en paro. La empresa prescinde de él porque hay crisis. Recibió una atenta carta: “Señor Gordo,- o sea, mi primo – le comunicamos que tras un profundo y exhaustivo estudio económico de la empresa, los balances de beneficios se han reducido un cero coma no sé cuántos por cientos y las ganancias de quince mil millones de euros no era lo previsto. Por tal motivo tenemos que reestructurar la empresa y nos vemos obligados a tomar una decisión drástica de reducción de plantilla, en la que usted se encuentra afectado. Por tanto, pasa usted a estar disponible para el mercado laboral. Lo sentimos y, bla, bla, bla…”

Tiene dos hijos y una hipoteca hasta la vejez. Yo le daría todos mis ahorros, pero en esta mísera prisión con veinticinco céntimos al día, ¡qué puedo hacer? Tengo oído que nos reducen la paga. Ayer, de casualidad, escuché por la radio que tiene mi carcelero, que el Presidente va a reducir los salarios públicos. Ya me han dado aviso que me encuentro afectado por la medida. Al alcaide no le tocan la paga. A los carceleros sí; por eso estos días “cobro” más. Como hay muchos aprisionados, reduciéndole un poco a cada uno suman un montón de dinero.

He escrito una carta al Presidente para comunicarle que la cosa está jodida, que el personal está con el agua al cuello y no llega para la taza de café. ¿Usted cree que me admitirán la carta en papel de estraza? No tengo otro. Como no me fío, prefiero enviársela a usted y disponga de ella según su conciencia.

CARTA AL SEÑOR PRESIDENTE: Señor Presidente, soy Sandalio Pérez. En otro tiempo ciudadano libre. Ahora, aprisionado en la red. Hablo por boca de mi primo: El Gordo. Seguro que lo conoce. Si usted va de cañas por  la Moncloa, seguro que sí.

Resulta que después de tantos años trabajados y tantos sacrificios por la empresa, darles pingües beneficios, van y le despiden. Por guardar dinero en el banco de toda la vida, confiarles su pequeño pero importante capital ahorrado durante años, beneficiarse de intereses hipotecarios; van y lo joden. Usted dice que esto es una falsa alarma, que es pasajero. Entonces, ¿porqué la empresa lo manda al desempleo? Y el banco ahora dice que lo desahucia por impago de hipoteca. ¡A la puta calle! Menos mal que tiene una tienda de camping y la barbacoa. Podría usted decirle al señor del EURIBOR que se esté quietecito, tiene que ser un señor muy hiperactivo.

Un impuesto por abuso escandaloso de beneficios no vendría nada mal. Por un Botín desmedido. Hacen falta medidas. Si usted no tiene, yo puedo robarle, quiero decir, pedir prestada a mi carcelero una regla que a veces utiliza para darnos en la planta de los pies cada vez que recibe un extracto bancario. Se desahoga de tal manera que le espuma la boca, a veces no lo conozco.

Sólo le pido que utilice una buena vara de medir. Y mida bien, porque la crisis está aquí y siempre pagan los pringaos como mi primo.

Un abrazo sin intereses de un servidor: Sr. Sandalio Pérez, aprisionado de la red.

PARA EL SR. POSTMASTER DEL APRISIONADO SR. SANDALIO PÉREZ: EL ESPACIO VITAL.

Julio 3rd, 2008

Sr. Postmaster, el miedo a la soledad me empuja a escribirle. Los atardeceres desde mi celda me recuerdan la agonía de un día que muere; como una triste y agotada vela que se consume con la tenue luz que da una punta de mecha requemada luchando sin remisión contra la oscuridad. Hoy me siento melancólico. Llegando la oscuridad, la soledad me embarga y no me queda más remedio que buscar un refugio en este desolado lugar. Sin nada, sin nadie. Procuro pensar en usted y le escribo unas letras, discúlpeme si le distraigo.

Después de tanto tiempo sin dirigirle la palabra, seguro que me verá como un intruso, invadiendo su intimidad, su espacio vital. Por cierto, ¿conoce usted el significado de “espacio vital”? Quiero decir en su sentido más profundo, más… intrauterino (más profundo que esto no creo que lo haya, ¿verdad?). Podría hacer una disertación filosófica, pero no sé si me explicaría bien. Por supuesto usted lo captaría al vuelo. Así que concédame un minuto para expresar este “pelotudo” pensamiento. Como diría el sujeto de la celda 59, siempre con el “pelotudo” en la boca. Un individuo un tanto curioso que algún día le contaré de él. Pues como le decía, a veces mi necesidad de espacio vital es tan grande, tan amplio que abarcaría toda la tierra, todos los mundos, todas las fronteras. Es una necesidad de libertad, de respirar todo el aire del cielo, la necesidad de divulgar tu presencia y mezclarte con la presencia de los otros, de oler todas las fragancias, de ver todos los colores. Estas necesidades me ocurren de día; el motivo no lo sé, pero es tal y como se lo cuento. A veces, estos pensamientos me provocan tal dolor de cabeza que se me pone como un dodecaedro. Mi carcelero, siempre tan pendiente de mí, ve descomponerme en tantas caras que rápidamente me da un papel en blanco para que lo mire fijamente. Si es cuadriculado me produce una terrible migraña. El blanco me calma; me embeleso con el blanco y suspiro.

Yo creo que el espacio vital ni se conquista ni se toma, sino que se comparte. ¿Conoce usted al Führer? Ese señor del bigote entre paréntesis vestido de militar dándole patadas al mundo. Creía que su espacio vital era el universo. Hay personas que no llegan a comprender hasta dónde llega su espacio vital. Tu límite lo tienes donde comienza el del prójimo y si lo compartimos ganaremos más espacio. Y esa es mi gran necesidad: compartir. Usted tiene un lema en su web que me gusta: “Lo que no se comparte se pierde”. Pues eso es lo que digo yo. Si compartimos todo, y cuando le digo todo quiero decir: compartir las culturas, nuestras vidas, nuestros caminos y montañas, nuestros trajes, nuestras cuentas corrientes… Bueno, la de usted porque la mía… imagínese yo aquí prisionero. Lo único que comparto en este lugar tan enredado es la falta de espacio vital con mi carcelero, que del poco que tengo, me lo quita.

Otras veces mi espacio vital es tan reducido, tan minúsculo como el fondo del vaso. A la hora de la medicación, contemplo el interior del vaso cubierto con dos dedos de agua y las pastillas multicolores reverberando en el fondo desactivan mis neuronas. Me llaman la atención y pierdo toda noción del tiempo. Absorto en ese reducido espacio cósmico, circular y transparente, desconecto mi conciencia y me embobo con esos colorines. Pierdo el control de mis glándulas salivares y babeo. La saliva me cae por la mella de un diente. Entonces recibo una colleja de mi carcelero, siempre pendiente de mí, y por acto reflejo, el hilo de baba que ya está a una micra del suelo,  se retrae como la lengua de un camaleón que acaba de capturar a su presa. ¡Ya estás embobado! – me reprocha -  Y despierto de mi diminuto espacio vital. Otras veces fantaseo con las pelusas de polvo que se muestran visibles al trasluz de un rayo de sol. Observo su danza etérea; ese baile mágico de las motas de polvo que no van a ninguna parte. Hay tantas y en tan reducido espacio… Pero parecen estar libres.

Esperando su magnánima atención, se despide…

Sr. Sandalio Pérez, aprisionado de la red de redes.

PARA EL SR. POSTMASTER DEL APRISIONADO SR. SANDLIO PÉREZ: AGRADECER ES DE BIEN NACIDOS.

Diciembre 28th, 2006

Mi muy afable Sr. Postmaster. Ha pasado tanto tiempo desde mi última carta y viendo que no recibo respuesta me he atrevido (espero con su consentimiento) esta nueva misiva que ya no sé si Vd. se acordará de mi persona. Y es que en esta laberíntica red en la que me encuentro aprisionado, la noción del tiempo se desvanece y todo parece que ocurrió ayer. Me viene a la cabeza el suceso de aquel fraile que se llamaba Luis, de León, maestro (lo leí en un papel de envolver, vaya a saber qué, traspapelado de un viejo libro) que lo encarcelaron por largar más de la cuenta y cuando lo soltaron volvió a sus alumnos diciendo: “Como decíamos ayer…” Pues así me siento Sr. Postmaster, con esa sensación atemporal típica de los aprisionados.

¡´Qué emoción! Volver a escribirle a Vd. Por cierto, tengo que agradecerle infinitamente el detalle que ha tenido de dedicarme una página en su web para la recepción de mis cartas. Me asaltan las lágrimas y estoy emborronando el papel de estraza que le escribo. No sé si es la emoción o el bocadillo de cebolla que me estoy comiendo a deshora. Por las manchas al margen no se preocupe. Al concentrarme babeo. Será pura coincidencia pero la mancha de la esquina superior parece una de esas montañas que a Vd. tanto le gusta ascender y con las pequeñas migas de pan parecen nevadas. Con una caja de lapiceros de colores que tengo he coloreado unos bosques con una punta de color verde. Me encanta el verde. Debajo de la mancha de baba (quiero decir de la base de la montaña). Con un poco de polvo de ladrillo humedecido… en ya sabe vd. qué, he dado el color tierra (para disimular la mancha) a todo un macizo que no tiene nada que envidiarle al Medio Atlas que Vd. tanto frecuenta. y el puntillo negro que aparece entre un claro, ese es Vd. ascendiendo hacia lo que parece un collado. Espero que la ilustración sea de su agrado. He elegido un tema que yo sé muy bien que le apasiona. Desde mi celda, casi en penumbras, con el resplandor de un rayo furtivo de luna le dedico este paisaje como muestra de mi agradecimiento. Mañana les mostraré a mis compañeros de celda con mucho orgullo la página que Vd. me dedica. Estoy tan emocionado que noto que se me descompone el vientre y tengo que controlarme, pues es tarde, está oscuro y los gases de noche son malintencionados y alevosos.

Sin otro particular y reiterándome en mis agradecimientos, se despide…

Sr. Sandalio Pérez, aprisionado de la Red de Redes.

PARA EL SR. POSTMASTER DEL APRISIONADO SR. SANDALIO PÉREZ:CUANDO ME PONGO LAS BOTAS.

Marzo 25th, 2005

Mi muy considerado Sr. Postmaster. Permítame la licencia de la familiaridad (me refiero a lo de muy considerado) y espero que no le resulte un tanto rayante la fórmula con la que a Vd. me dirijo.
El motivo de esta carta es para comunicarle que veo y leo con atención su agradable web de senderismo que Vd. publica con tanto esmero en la red. Le confieso que soy prisionero de Internet, entiéndame Sr. Postmaster: no delincuente sino aprisionado.
Yo podría contarle lo que me apasiona el caminar y por dónde he caminado. He gastado tantas suelas que no las podría contar con los dedos de mis pies. Pero no quisiera extralimitarme en esta mi primera carta porque aún no tengo la suficiente relación para sincerarme con Vd. Sr. Postmaster. No quisiera abusar de su precioso tiempo, tan sólo contarle… si me lo permite.
Si Vd. supiera desde cuándo no me pongo las botas… Sin ir más lejos, la otra tarde, en mi hora de Internet que me corresponde por celda, estuve tentado de mandarle un mensaje cuando observé unas fotografías de unas viejas botas que vd. muestra en su web. Me hizo recordar un tiempo pasado que me llegó a emocionar con tanta intensidad, que me provocó un gran pedo sonoro y peñascoso. Le explico que padezco de una rara flatulencia intestinal que coincide con mis alteraciones emocionales, ¿sabe vd.? Este padecimiento me ha ocasionado bastantes problemas en esta vida. Ahora lo sobrellevo y me lo soportan dos compañeros de celda. Mi carcelero lo mal lleva y me lo hace pagar con ración doble de rancho y una cucharada sopera de aceite de ricino. Pero quisiera contarle lo que me impulsa a dirigirme a Vd. Es mi recuerdo de cuando me pongo las botas.
La víspera del día de salida  me sentía como un niño que espera el día siguiente para su regalo: nerviso, ansioso porque pasaran las horas y aparecieran las primeras luces entre los agujeros de la persiana. Y con la tenue luz del amanecer, en el cuarto oscuro de mi habitación, me siento en los pies de la cama y con un protocolo casi religioso, voy introduciendo el pie y noto el calor de la cavidad que me acoge y recoge el talón abrazando los tobillos (ahora me he vuelto a peer, con perdón, Sr. Postmaster; aunque a quien debería pedírselo es a mis compañeros de celda que me lo soportan) Y me sentía tan a gusto que pensaba que nunca me desprendería de aquellas botas. Después comprendí que ese “nunca” era muy relativo, ya ve Vd. que de ellas me desprendí. Eran mis compañeras, les tenía tanto cariño… conquistamos tantos paisajes… ¡Por cierto! ¡Qué bonita frase ha puesto Vd.! De un tal Faulkner, ¿Es ese tal Faulkner amigo suyo, Sr. Postmaster? Cito: “Un paisaje se conquista con los pies no con las ruedas de un automóviil” ¡Qué sabio! Yo estas cosas Sr. Postmaster no las puedo hablar con mis compañeros de celda. Son algo tontolabas.
Así que Sr. Postmaster le agradezco esa foto que me ha hecho recordar cuando yo era libre y mis pies iban donde querían.
Sin otro particular y agradeciéndole su paciencia por leer estas líneas, queso atentamente a su entera disposición y, si no fuera pedirle demasiado, me gustaría que aceptara mis cartas, pues no tengo a nadie con quien comunicarme. Se despide…

Sr. Sandalio Pérez, aprisionado de la red de redes.